Equinoccio, lo que no sabias y nosotros te lo contamos...

 

Para entender lo que las culturas antiguas pensaban del Universo tenemos que conocer el cielo. Y conocerlo significa observar, registrar y predecir.

 

Muchos pueblos, a lo largo de la historia, incorporaron el conocimiento que iban forjando de los movimientos de los astros, en otros aspectos relevantes para ellos, por ejemplo las narraciones lúdicas, cuentos, leyendas, la religión y hasta en la forma de gobernar y la política.

 

Pero más allá de cualquier combinación de ideas, los objetos en los cielos permitieron el avance de las sociedades y las mantuvieron vivas. Sin el conociendo astronómico creado con la observación a simple vista y el registro meticuloso de los detalles, hubiera sido imposible para cualquier pueblo sobrevivir a los crudos inviernos, sembrar y cosechar en el momento adecuado o entablar la conquista del reino vecino, etc.

 

El Sol marca el tiempo y para nada es complicado notarlo. Por ejemplo, una vara encajada en la tierra produce una sombra que se desplaza sin detenerse a lo largo del día, poco a poco la posición extrema del palo dibuja una curva que, si somos pacientes, curiosos y observadores, notaremos que cambia al siguiente día, pero que después de cierto número de días acumulados (unos 365) se repetirá, creando un ciclo.

 

Los pueblos antiguos sin duda reconocieron que las posiciones de salida y puesta aparente del Sol se desplazaban poco a poco, pero se repetían. Por ejemplo, muchas culturas en el hemisferio norte notaron que poco antes del periodo de más frío el Sol alcanza una posición extrema, parece detenerse en algún punto del horizonte y la luz de día es menos intensa. Hoy llamamos a esta fecha "Solsticio" que significa "Sol quieto o detenido".

 

Seis meses después, ocurre algo similar pero en una posición que permite tener mucha más luz del Sol, la temperatura sube y las primeras lluvias comienzan a darse.

 

Estos dos puntos extremos, que hoy conocemos en el hemisferio norte como los solsticios de invierno y de verano, respectivamente, sirvieron para establecer asociaciones sencillas entre las posiciones del Sol y el clima, lo cual permitió anticipar las necesidades básicas, sobre todo alimentarias.

 

Entre el tiempo que transcurre a los solsticios, justo a mitad, también se establecieron momentos importantes, donde el día y la noche duran más o menos lo mismo y que hoy llamamos equinoccios.

 

Uno de los ejemplos más impresionantes de la trascendencia que tenía marcar el tiempo entre las culturas antiguas, es el llamado castillo de Chichen Itza, en cuya balaustrada de piedra que flanquea la escalinata noroeste se forman triángulos de luz y sombra que simulan el descenso de una serpiente, y que rematan en la parte baja, en una roca con forma de cabeza de un ofidio.

 

Aún cuando el fenómeno no se limita a una sola fecha, puesto que se da varios días antes y después de los equinoccios, sí representa la obsesión de un pueblo por observar y registrar fechas y posiciones, para luego trasladar ese conocimiento a un aplicación práctica y estética.

 

Los mayas antiguos construyeron edificios, plazas, trazaron caminos y estructuraron su vida social y religiosa usando la observación astronómica. Reconocieron también que muchos de los fenómenos se repiten y por lo tanto, cierta parte de la naturaleza es predecible.

 

Aún cuando los mayas mantuvieron una visión bastante esotérica y fantasiosa de su entorno, es de reconocerse que su constancia y perspicacia les llevó a crea métodos calendáricos de gran precisión y a predecir fenómenos como conjunciones planetarias y eclipses de sol y luna a corto, mediano y largo plazo.

 

Este 20 de marzo ocurre el equinoccio vernal, que representa el primer día de primavera en el hemisferio norte y el primero del otoño en el sur. Si somos observadores, de la misma forma que eran los mayas antiguos, notaremos que la duración del día es similar a la noche. De hecho, la palabra equinoccio significa "noche igual".

 

El evento se da a las 11:15 am y en el Planetario Sayab tendremos actividades especiales desde las 11 am, donde conoceremos más sobre nuestra estrella, el Sol, y sobre el conocimiento que los antiguos mayas tenían del cosmos a simple vista.

 

 

Vicente Hernández es Dr. en Astrofísica, Jefe del Domo Digital y Observatorio en el Planetario Sayab.

Twitter: @hdrezvic

 

 

 

 

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