La aldea teotihuacana enclavada en la Ciudad de México

January 16, 2019

Hace más de mil 700 años, en lo que hoy es la alcaldía de Coyoacán en la Ciudad de México, existió una aldea teotihuacana, a más de 50 kilómetros de los vestigios más importantes de la ciudad prehispánica de Teotihuacán, en donde se encuentran las pirámides del Sol y de la Luna.

 

 

Arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) descubrieron una serie de evidencias culturales correspondientes al periodo Clásico mesoamericano, que comprende desde el año 200 hasta el 650 d. C., por lo que los científicos han determinado que se trata de una aldea que se ubicaba en las periferias del lago de Texcoco.

 

Lo que encontraron en más de un año de excavaciones son más de 60 entierros humanos, unidades habitacionales y diferentes enseres para la vida cotidiana, desde cerámica hasta accesorios personales.

 

Los primeros habitantes establecidos en esta aldea y sus constructores fueron los teotihuacanos; sin embargo, no fueron los únicos, ya que los arqueólogos también encontraron vestigios que prueban que los toltecas y después los aztecas habitaron la aldea, incluso encontraron entierros que corresponden a dichas civilizaciones.

 

El arqueólogo adscrito a la Dirección de Salvamento Arqueológico (DSA) del INAH, Alberto Mena Cruz, es el responsable de la excavación en la zona.

 

 

“Teníamos conocimiento de estas evidencias desde 1977; sin embargo, se destruyó gran parte de los vestigios arqueológicos con la construcción del edificio del Centro Corporativo Bancomer. Debido a las próximas obras, se dio aviso a la DSA y fue cuando se comenzó a excavar dentro de este inmueble, por lo que encontraron diferentes vestigios, y aproximadamente hace un año dimos con las unidades habitacionales, que nos mostraron que se trataba de una aldea”, explica.

 

La relevancia de estos asentamientos gira en torno a la posibilidad de conocer más de la civilización teotihuacana y su modo de vida, que pueden revelar más de lo que se conoce en la actualidad.

 

“Había muy poca investigación alrededor de estos vestigios, por lo que en lo consecuente vamos a determinar las fechas y la extensión total de la unidad habitacional, y con ello su población aproximada en la época de máximo apogeo”.

 

La filiación es teotihuacana y esto lo pudieron determinar porque es el mismo tipo de arquitectura que ya se conocía de los asentamientos en la megalópolis de Teotihuacán, y los rastros encontrados dejan ver que su modo de vida era típico de la cultura teotihuacana.

 

La arquitectura de las viviendas, de casi dos milenios de antigüedad, está elaborada de cantos rodados, recubrimiento de estuco y un apisonado de tierra. La delimitación de los espacios al interior de las casas está hecha, en algunos casos, por adobes de arcilla.

 

 

Teotihuacán
 
 

La civilización teotihuacana representa uno de los grandes misterios para los historiadores y arqueólogos porque fue una de las más grandes civilizaciones de Mesoamérica y una de las primeras en el centro de lo que hoy es México; sin embargo, poco se sabe de ella.

 

El significado de la palabra mexica Teotihuacán es “el lugar de los dioses” o “donde los dioses nacieron”. Según diversas fuentes, los aztecas acuñaron ese nombre a la ciudad que encontraron después de más de mil años de abandono. Sin embargo, los investigadores desconocen el nombre original de Teotihuacán.

 

Los aztecas consideraban la ciudad de Teotihuacán como un lugar sagrado que se extendía por más de 25 kilómetros. La actual zona turística solo es una pequeña parte de lo que en la antigüedad era una ciudad con más de 85 mil habitantes.

 

Los arqueólogos concuerdan que la debacle de la ciudad ocurrió alrededor del 650 d. C. y los datos que tienen es que hubo una revuelta instigada por sus propios habitantes que derivó en un incendio en el centro de la ciudad.

 

Según el investigador especialista en la cultura teotihuacana, René Millon, esto provocó una migración masiva de la población hacia el sur, que demostraron con la influencia teotihuacana en otras culturas de Mesoamérica como la maya.

 

El asentamiento en lo que hoy es la alcaldía de Coyoacán en la Ciudad de México, según refiere el arqueólogo Alberto Mena Cruz, es una extensión de tipo habitacional de la ciudad que se construyó y habitó entre los años 250 y 650 de nuestra era, en el máximo apogeo de la civilización teotihuacana.

 

Sin embargo, el arqueólogo Víctor Vargas Juárez, quien también trabaja en la excavación, enfatiza que sí era una aldea suburbana a la ciudad de Teotihuacán pero con medios de producción propios, por lo que los habitantes de la aldea no eran dependientes de los recursos que provenían de la ciudad.

 

 

El arqueólogo, también adscrito a la DSA del INAH, explica que las plataformas habitacionales que encontraron fueron construidas con el objetivo de que allí viviera más de una familia, por lo que son amplias y su equivalente en la actualidad serían las vecindades.

 

“También encontramos los aposentos del sacerdote o líder espiritual de la comunidad, esto lo inferimos por los materiales arqueológicos que recuperamos durante la excavación. En este lugar en específico, no son piezas domésticas de tipo cerámico, son suntuarias, como decorados, incensarios y anafres”.

 

El Asentamiento Prehispánico de Xoco, como también se le conoce al lugar donde en la antigüedad se encontraba la aldea teotihuacana, recibe este nombre debido a que su ubicación está en la colonia Xoco, a unos pasos del Metro Coyoacán.

 

Lo que más interesa a los investigadores acerca de los restos de la aldea es descubrir y contribuir al conocimiento de la forma de vida, costumbres y rituales funerarios de la población original de la zona.

 

Las piezas que encuentran las trasladan al laboratorio in situ para ser identificadas y clasificadas según la pericia del arqueólogo Raúl Valdés Ávila, quien es el encargado de hacerlo.

 

Raúl Valdés, en entrevista con la Agencia Informativa Conacyt, aseguró que es importante clasificar las piezas debido a que pueden corresponder a diferentes épocas, ya que el asentamiento fue habitado por tres diferentes culturas.

 

“Los clasificamos gracias a las características especiales que tenían las artesanías y las piezas de diferentes culturas, esta es una primera clasificación basada en nuestro conocimiento, después las piezas serán llevadas a otro laboratorio para investigarlas a detalle”.

 

El arqueólogo explicó que las piezas rojas que encuentran son pertenecientes a la cultura mexica, esto lo pueden determinar porque el “Rojo Texcoco” era un color que los aztecas ocupaban para sus artesanías.

 

Comentó que así sucede con todas las piezas que encuentran, es decir, cada cultura tenía rasgos distintivos en los instrumentos y artesanías. El diagnóstico de las piezas lo realizan en el INAH, e incluso algunas piezas son llevadas al extranjero.

 

La mayoría de las piezas que han encontrado es del 450 al 650 d. C., según los datos existentes, esta época corresponde al máximo apogeo de la civilización teotihuacana en la cuenca del Valle de México.

 

“Hay una mayor concentración de ollas, cajetes y otras piezas que refieren que el sitio era de vocación habitacional y no de carácter religioso o suntuoso”, agregó Raúl Valdés.

 

Para determinar la antigüedad de cada una de las piezas, sí es necesario un análisis de laboratorio; sin embargo, los arqueólogos con la observación de la pieza pueden determinar con cierta exactitud su origen. Esto lo logran detectando detalles finos en las piezas como su acabado, material y color.  

 

 

 

VÍA CONACYT PRENSA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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